huerto en casa

3. El visitante de la hoja

Lo blanco bajo la hoja no era polvo.

Al día siguiente había más.

Mi primera reacción fue buscar una solución rápida. La segunda, llamar a Lola.

Se asomó, entrecerró los ojos y sonrió.

—Enhorabuena. Ya tienes un huerto de verdad.

Yo esperaba una receta secreta. Ella apareció con un pulverizador, agua y jabón suave. Revisamos hoja por hoja y retiramos las más afectadas.

—No se trata de tener un huerto sin bichos —explicó—. Se trata de que ninguno se quede con todo.

Dos días después apareció una mariquita.

Roja, minúscula, perfecta.

La vi caminar sobre el borde de la maceta como si inspeccionara la obra. Lola aseguró que era buena señal.

Entonces entendí que mi balcón no era una colección de plantas. Era un pequeño ecosistema intentando encontrar equilibrio.

Y justo cuando empezaba a sentirme orgulloso, uno de los rabanitos desapareció.

No se secó.

No enfermó.

Desapareció.

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