huerto en casa

4. El ladrón del tercer piso

El culpable dejó pruebas.

Un poco de tierra en la barandilla, una hoja mordida y una pluma gris.

—Paloma —sentenció Lola.

Yo había imaginado a un vecino con afición por los rabanitos ajenos. La realidad era menos emocionante, aunque bastante más eficaz.

Improvisamos una protección con unas varillas y una malla ligera. Mientras trabajábamos, apareció Dani, el niño del tercero.

—¿Eso se come?

Le expliqué que sí, aunque de momento alguien se estaba adelantando.

Dani empezó a visitarnos cada tarde. Primero preguntaba. Después ayudaba. Finalmente llegó con un vaso de yogur lleno de tierra.

Había enterrado una lenteja.

—Mi abuelo dice que no va a salir.

Lola se agachó a su altura.

—Entonces tendremos que esperar para saber quién tiene razón.

Colocamos el vaso junto a mis macetas.

Al cabo de pocos días, la lenteja abrió una pequeña curva verde.

Dani bajó corriendo a enseñársela a su abuelo.

Volvió media hora después con una caja de madera.

—Dice que esto también puede servir.

Servía.

Y de repente ya no teníamos un balcón. Teníamos un proyecto.

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